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lunes, 13 de diciembre de 2010

ODIO.

Te odio, mucho. No te quiero ni ver y sin embargo te tengo a mi lado cada día sin poder siquiera optar. Déjame salir, déjame entrar, déjame vivir, déjame existir en paz. Desaparece, de mi vista, de su vista, de esta casa, de este mundo. No mereces lo que tienes, devuélvelo. Alma de serpiente que descarga su veneno en mi, desvanece, pues el veneno está penetrando y me hace reaccionar de formas inesperadamente vehementes. Y veo tu mirada, asquerosa, incluso lasciva, ¡qué ganas de vomitar¡,¡Aléjate! Oh dios, cómo te odio. Muérete. Odio sin parangón, esto sólo acaba de empezar.

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